Giovanni Capasso: la pizza al taglio como experiencia en Madrid

El hijo del fundador de Capasso Pizza nos cuenta cómo su familia lleva más de 30 años perfeccionando la receta napolitana y por qué cree que recompensar la fidelidad es clave para el comercio local

Giovanni Capasso: "En Madrid, la pizza al taglio no es solo comida rápida, es una experiencia"

El hijo del fundador de Capasso Pizza nos cuenta cómo su familia lleva más de 30 años perfeccionando la receta napolitana y por qué cree que recompensar la fidelidad es clave para el comercio local. 

Dos locales en pleno corazón de Madrid, en Atocha y Ponzano. Pizzas de hasta 50 cm que puedes personalizar completamente. Y una promesa clara: auténtico sabor italiano con más de tres décadas de tradición familiar. Giovanni Capasso ha convertido el apellido de su familia en sinónimo de pizza al taglio de calidad en la capital. Hablamos con él sobre su visión del comercio local, la importancia de conectar con el barrio y cómo Silk le está ayudando a fidelizar clientes sin sacrificar márgenes.

Silk: Giovanni, cuéntanos, ¿cómo llega la receta napolitana de tu familia a Madrid?

Giovanni Capasso: Es una historia que viene de muy atrás. Mi familia lleva más de 30 años perfeccionando esta masa, seleccionando cada ingrediente. Yo crecí viendo a mi padre trabajar la masa, entendiendo que cada detalle cuenta: la fermentación natural, la temperatura del horno, incluso el momento exacto de añadir la mozzarella. Cuando decidí traer todo esto a Madrid, sabía que no podía ser una franquicia más. Tenía que ser auténtico. Por eso elegimos el concepto de pizza al taglio, que en Italia es todo un arte callejero.

¿Qué diferencia la pizza al taglio del resto?

Es la libertad. Puedes probar varios sabores en una misma comida, pedir el tamaño exacto que necesitas, personalizarla completamente. En Capasso ofrecemos pizzas de 30 o 50 cm, y los clientes pueden elegir la base —sin nada, con tomate o con nata— y hasta tres ingredientes. Es street food italiano, pero con ingredientes gourmet y masa artesanal. La gente viene, señala lo que quiere, y en minutos está comiendo. Es urbano, rápido, pero sin perder calidad.

Tienes dos locales en zonas muy diferentes: Atocha y Ponzano. ¿Cómo es la clientela en cada una?

Totalmente distinta, y eso es lo bonito. Atocha es más diversa: turistas, gente que trabaja en la zona, estudiantes. Es un tráfico constante y muy variado. Ponzano, en cambio, es puro barrio. Ahí ves a las mismas caras cada semana, familias que vienen el domingo, grupos de amigos del jueves. En Ponzano la clave es la fidelización. No basta con que te prueben una vez; necesitas que vuelvan, que te recomienden. Y eso solo se logra si ofreces algo más que buena pizza.

Hablando de fidelización, ¿cómo conociste Silk?

Fue en un momento en el que estaba frustrado, la verdad. Gastaba bastante en publicidad digital —Google Ads, Instagram— y aunque conseguía visitas, no veía retorno claro. No sabía cuántos de esos clics se convertían en ventas reales o en clientes que volvían. Además, en Ponzano competimos con muchísimos restaurantes. Destacar es complicado. Un día vi que otros comercios del barrio estaban usando Silk y me pareció interesante: recompensas automáticas sin tener que hacer descuentos ni campañas manuales. Lo probé, y la diferencia fue notable.

¿Qué cambió exactamente?

Primero, la visibilidad. Aparecer en el mapa de Silk me puso delante de gente del barrio que ni sabía que existíamos. Y no es una visibilidad cualquiera: son vecinos reales, gente que pasa cerca y busca dónde comer. Segundo, el cashback funciona como un imán para repetir. Los clientes acumulan puntos automáticamente al pagar con su tarjeta, y luego vuelven para canjearlos. Es un círculo virtuoso. Y tercero, y esto es clave: solo pago cuando hay ventas. No hay riesgo. No es como meter 500 euros en una campaña y cruzar los dedos.

¿Qué nivel de cashback ofreces?

Empecé con 1%, que ya es suficiente para aparecer bien en el mapa. Pero algunos días, cuando tengo stock de ciertos ingredientes o quiero impulsar el tráfico, subo al 2% o incluso al 5%. Silk me da flexibilidad total. Puedo ajustar el cashback cada día según mis necesidades. Y lo mejor es que el cliente no ve esto como un descuento desesperado, sino como una recompensa por su fidelidad. Es mucho más elegante.

¿Has notado cambios en el comportamiento de tus clientes?

Totalmente. Antes, muchos clientes venían una vez, probaban, y quizá volvían… o quizá no. Ahora veo caras repetidas cada semana. Hay gente que me dice directamente: «Vengo porque acumulo puntos aquí y luego los gasto en vosotros». Ese tipo de cliente es oro. Además, con los datos que me da Silk veo de dónde vienen, en qué horarios compran más, qué días tengo más afluencia. Eso me permite optimizar todo: desde el stock hasta los turnos del personal.

¿Y a nivel de números? ¿Puedes compartir algún dato?

Sin dar cifras exactas, te puedo decir que el ticket medio ha subido alrededor de un 15% desde que empezamos con Silk. Y los clientes recurrentes han aumentado un 25%. Eso es brutal. Pero lo que más me gusta es que todo es medible. Antes invertía en marketing y no sabía si funcionaba. Ahora veo exactamente cuántas ventas vienen de Silk, cuánto he ganado, cuánto me ha costado. Es transparente.

Mencionaste que los clientes también pueden canjear sus puntos en productos tuyos. ¿Cómo funciona eso?

Sí, es una de las cosas que más me gusta. Los usuarios acumulan puntos comprando en cualquier comercio de Madrid que esté en Silk, no solo en el mío. Luego pueden venir y canjear esos puntos en nuestras pizzas, bebidas, o postres. Para mí es ganar-ganar: recibo el dinero directamente en mi cuenta, aumento mis ventas, y además atraigo clientes nuevos que vienen específicamente a gastar sus puntos. Es como tener tráfico garantizado.

¿Cómo ves el futuro del comercio local en Madrid? Hay mucha competencia con las grandes cadenas.

Es verdad que competir con grandes marcas es difícil. Ellos tienen presupuestos enormes, pueden hacer campañas masivas, ofertas agresivas. Pero creo que el comercio local tiene algo que las cadenas nunca van a poder replicar: autenticidad. La gente quiere saber quién está detrás de lo que consume. Quieren una historia, una conexión. En Capasso, cuando entras, no es solo una transacción. Es Giovanni, su equipo, la receta de su familia. Eso no se puede industrializar.

Y herramientas como Silk nos nivelan el campo de juego. Antes solo las grandes marcas podían hacer programas de fidelización sofisticados. Ahora cualquier pizzería de barrio puede ofrecer lo mismo, y sin costes fijos. Eso cambia las reglas.

¿Qué le dirías a otros comercios que están pensando en unirse a Silk?

Que no hay riesgo. Literalmente. Solo pagas cuando vendes, así que no pierdes nada probando. Y si funciona —que en mi caso funcionó muy bien— ganas visibilidad, fidelizas clientes y obtienes datos que antes no tenías. Además, formar parte de una red de recompensas te conecta con toda la ciudad. Los puntos que los usuarios ganan en una cafetería los pueden gastar en tu pizzería. Eso genera un ecosistema de comercio local muy potente.

Una última pregunta: si tuvieras que resumir tu experiencia con Silk en una frase, ¿cuál sería?

(Se ríe) «Más clientes, más ingresos, sin gastar en descuentos». Simple, pero es exactamente eso. Silk hace que cada compra cuente, tanto para el cliente como para mí. Y eso, al final del día, es lo único que importa.

¿Quieres probar las pizzas de Giovanni? Encuéntralo en el mapa de Silk y visita sus locales en Calle Atocha 98 y Calle Ponzano 54. Y si tienes un comercio local en Madrid, descubre cómo Silk puede ayudarte a crecer: silkcashback.com

 
Diego del Cerro

Diego del Cerro

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